ENCUENTRO SOBRE POLÍTICAS PUBLICAS DE NIÑEZ y ADOLESCENCIAMiércoles 12 de octubre 11:30hs
ENCUENTRO SOBRE POLÍTICAS PUBLICAS DE NIÑEZ y ADOLESCENCIARepudiamos y denunciamos. Repudiamos el proyecto de ley "antiacampe" que prepara el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por el cual se propone prohibir "los campamentos en espacios públicos, tanto de indigentes como piqueteros" y denunciamos la falsedad de los datos que se difunden para apoyar su aprobación en la legislatura porteña. Ya desde las palabras que se utilizan, podemos comprender la terrible perspectiva represiva y discriminatoria desde la que se piensa esta legislación. "Acampar" y "campamento" son eufemismos que buscan distanciarse y maquillar lo que, en verdad, son enormes tragedias personales, familiares y sociales causadas por la misma administración que después pide mano dura, por su desidia para ejecutar los presupuestos previstos para planes de vivienda, por su negligencia para implementar dispositivos que funcionen con perspectivas humanistas y de inclusión social. Por el desprecio con el que se considera a un otro, un distinto, en una desgraciada idea de que vale más el paisaje "pulcro" que el contacto humano. Por la incapacidad de pensar soluciones que apunten a aliviar el sufrimiento. "Indigentes", "piqueteros": más distancia, más frialdad. Son los otros, los que nos cortan a "nosotros" las calles, interrumpen nuestro recorrido, nos molestan.
El macrismo tergiversa y miente. En los medios se difunde que hay 1500 camas disponibles en los paradores porteños. Son números, otra vez, fríos, que no coinciden con la realidad, una realidad dura, que no es aséptica, que se saca de encima esas etiquetas que los funcionarios les quieren adherir. Se argumenta que "los sin techo" se niegan a ir a los paradores. Bien sabemos que, muy por el contrario, el servicio del 108 del BAP (Buenos Aires Presente) muchas veces no concurre donde se lo solicita. Los propios empleados del BAP piden disculpas ante lo que los abruma. Son trabajadores sociales, psicólogos, sociólogos, que están mal pagos, presos también de la frialdad, de políticas que ellos no diseñan. Políticas inhumanas. Gestiones con teléfonos que nadie contesta. Bien sabemos que los paradores no dan abasto y rechazan gente por falta de espacio. Bien sabemos que el propio gobierno que se queja de los "acampes" después desaloja a la gente de hoteles y pensiones e interrumpe subsidios habitacionales. Es una rueda perversa: ahora se disponen a echar a patadas de la
calle, en una lamentable reedición de la UCEP, a familias que ellos mismos antes desalojaron.
El estado porteño sólo aparece para castigar. Es inverosímil que el gobierno de la Ciudad sólo se haga visible para sancionar. ¿No se puede acaso prevenir que miles de adultos, adolescentes y niños duerman en la calle? ¿No se puede pensar una solución a largo plazo que realmente transforme la situación de la gente que no tiene un lugar digno para vivir? Para el macrismo, evidentemente, no se puede. Ahora bien, lo que sí se puede y sí se hace es criminalizar a quienes viven en la calle. De esta manera, se reproduce un círculo vicioso: el Estado expulsa a determinado sector de la sociedad, se hace política (de la inseguridad, tal vez) de esa expulsión, que el resto de la sociedad legitima. Y entonces se re-expulsa al ya expulsado.
La ausencia estatal se advierte demasiado tarde. Debe cuestionarse el rol de un Estado que se comporta así, cuando se supone que debe resguardar los derechos más básicos de esas familias, de esos niños y de esos adolescentes. Los buenos vecinos de la ciudad deben poder ver la ausencia estatal antes, cuando el Estado evita incorporar al mercado de trabajo a la gente que no lo tiene o cuando se discrimina en los hospitales públicos a los que no pudieron bañarse. Esta ausencia, en su forma más represiva, se nota recién cuando la gente "acampa" (simplemente duerme) dentro del cajero del banco o en la puerta de algún edificio. Ahí sí nos preguntamos dónde estará la policía que no previene semejantes hechos.
Puertas para adentro. El macrismo busca, una vez más, resolver un problema social (que lamentablemente para ellos, es evidente) con una supuestamente eficiente intervención estatal motivada por la enternecedora solidaridad de sus funcionarios. El Gobierno de la Ciudad quiere la pobreza puertas para adentro. No quieren repetir el error de que la UCEP tuviera funcionamiento irregular. Esta vez planean ser criminales sociales amparados por un marco legal.
No puede ser promulgada una norma que penaliza la pobreza y la libertad de expresión y protesta. A principios de este año, Macri vetó una ley para la protección de la gente en situación de calle. Esa ley se fundaba en el acercamiento, en la inclusión, en la generación de lazos, en la igualdad de oportunidades. Había sido debatida por las organizaciones sociales, por los legisladores, por especialistas. Ahora, nos encontramos con esta propuesta exactamente inversa. Confiamos en que una ley de estas características nunca será aprobada. Debemos como seres humanos y como sociedad ser capaces de concebir otras respuestas ante el dolor de nuestros conciudadanos, vecinos, compatriotas, hermanos de otros países. Respuestas que legislen sobre ese dolor pensando en que afecta o puede afectar a todos los hombres que habitan el suelo argentino. Les suena familiar esta terminología, ¿verdad? Así empieza la Constitución de nuestro país. A los que se jactan de ser republicanos, bien les convendría repasar estas palabras, y reflexionar mejor antes de pronunciarse; da vergüenza ajena tanta incoherencia.
Este 10 de julio volvemos a las urnas para elegir distintas autoridades del poder ejecutivo y legislativo de la Ciudad. Algunos irán a formalizar un mero trámite, desconfiados del funcionamiento de las instituciones. Otros llegarán a su escuela emocionados, convencidos de que llegó el día de cumplir con el deber democrático. Sea como sea, es el momento de ejercer un derecho ciudadano, que nos podrá parecer más o menos útil, más o menos convocante, pero que no deja de ser una oportunidad de participación de las pocas que se ponen claramente a disposición de todos.
En Perdidos en Retiro y en el taller No Tan Distintas, desde nuestro trabajo con la gente en situación de calle y en riesgo de situación de calle, no tenemos una pertenencia político-partidaria orgánica. Y no vemos a esto como una carencia. Muy por el contrario, lo consideramos una fortaleza que enriquece nuestra tarea con las diversas miradas que cada uno trae a los debates coyunturales y a las actividades cotidianas, instancias en las que intentamos poner en cuestión todos los preconceptos sobre las demarcaciones entre lo social, lo político, lo económico, lo filosófico. Donde buscamos replantear qué es asistencialista y qué no, qué es el Estado y para qué aparece, si podemos considerar a la sociedad civil como independiente de él: preguntas que van encontrando respuestas más en el hacer que en el decir -como quería José Martí- y en el establecimiento de relaciones profundamente afectivas. Nuestra óptica se basa en el amor como acción, en compartir, convencidos de que desde ahí es posible construir nuevos vínculos.
Así, cada uno de los integrantes de nuestros espacios vota según su convicción ideológica, si bien hay claramente un espectro que nos representa, que va desde las distintas expresiones de lo que podría llamarse centroizquierda, izquierda nacional, socialismo, peronismo de izquierda, etc. En este sentido, hay un total consenso en oponernos firmemente a la política actual del macrismo que, ahora, en plena campaña electoral, recuerda que hay gente que vive en la calle. Y se horroriza y la esconde en lugares no sólo no habilitados para hospedarla, sino regenteados por altos funcionarios del propio gobierno porteño. Hay globos amarillos, bufandas o gorros con logos y consignas partidarias, besos y abrazos a los niños en las villas, kits con guantes y bolsas de agua caliente para que la gente pueda dormir en la calle todo el invierno (no sea cosa que se les muera alguien más de frío), promesas oportunistas de una Ciudad mejor. Y aún no conforme con tanta política antipública ejecutada durante cuatro años, el PRO se burla de la gente presentando a la actual Ministra de Desarrollo Social como candidata a Vicejefa de Gobierno.
Esta visibilidad fugaz que se da a tragedias gravísimas, este nivel de hipocresía, son cosas que no nos sorprenden, pero que no podemos dejar de señalar. Así como tampoco podemos dejar de decir que el compromiso para modificar estas realidades tiene que calar hondo en todos y verse expresado no sólo en las urnas. Al votar, tenemos que pensar en las alternativas que priorizan los grandes problemas de la Ciudad: vivienda, educación, salud, equidad. Lo básico. Ir a votar como esa oportunidad de sentirnos parte de un todo que se moviliza y se renueva. Y que lo que pase más allá de votar en cada uno de nosotros y en nuestra relación con los otros, sea una oportunidad mejor, mayor, de transformación.